Doctrina Metodista

¿Qué creemos?

LITURGIA Y SACRAMENTOS:
La adoración es una oportunidad y un privilegio de todos los creyentes. Es esencial en la vida de la comunidad cristiana,
tanto para su crecimiento en la fe, en la esperanza y el amor, como para poder ofrecer un testimonio y un servicio cristiano
en el mundo.
La Iglesia Evangélica Metodista de Panamá, reconocerá como su liturgia básica la heredada de la Iglesia Metodista Unida
de los EE.UU. que tuvo su origen en el movimiento Wesleyano del siglo XVIII. Simultáneamente se estimulará el estudio
y experimentación de nuevas formas de adoración y expresiones himnológicas, que respondan más adecuadamente a las
necesidades de la Iglesia, a la idiosincrasia de nuestros pueblos y a las circunstancias históricas que estamos atravesando.
Nuestra Iglesia reconoce dos sacramentos, a saber: el Bautismo y la Cena del Señor, como ordenanzas divinas y medios de
gracia. Será deber y privilegio de todos los miembros de la Iglesia participar de ellos. El Bautismo es un signo de la gracia
del Señor y un sacramento para todo ser humano y por esta razón debe ser administrado tanto a los niños como a los adultos.
Puesto que los niños participan, tanto como los jóvenes y los adultos, de los beneficios de la obra Redentora de Cristo,
podrán recibir el bautismo en nuestra Iglesia, en la esperanza de que más adelante, pueda aceptarlo personal y
conscientemente, a través de la confirmación. El Bautismo salvo circunstancias excepcionales, debe celebrarse públicamente
en presencia y con participación de la congregación.
La Santa Cena es principalmente para aquellos que se hayan hecho participes de convenio con Dios y quienes
voluntariamente busquen por este medio renovar este convenio con El. La Iglesia también reconoce que como medio de
gracia, el sacramento de la Santa Cena puede ser un medio de conversión.
Es tradición en nuestra Iglesia, hacerla accesible no sólo a los miembros de nuestras congregaciones, sino a todo creyente
en Cristo Jesús, deseosos de renovar su pacto de comunión con su Señor y con sus hermanos.
La administración de estos sacramentos estará normalmente sólo a cargo de personas debidamente autorizadas y preparadas
para ello.

Nuestra identidad

La Iglesia es la comunidad universal de las personas que han creído en Dios por medio de Jesucristo; a través de la cual
Dios quiere proclamar su Evangelio, encamar su amor y expresar su señorío. La Iglesia participa de la naturaleza divina
porque es llamada por Dios, fundamentada en Jesucristo y sostenida por el poder y la gracia del Espíritu Santo; por otra
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parte, la Iglesia participa de la naturaleza humana porque está formada por personas que comparten la naturaleza material
de todos los hombres, así como también su condición pecaminosa. La Iglesia de Jesucristo es universal por cuanto trasciende
toda frontera sea de carácter étnico, nacional, social, generacional o ideológica. La Iglesia Evangélica Metodista de Panamá
es una expresión de esta Iglesia Universal.
La tarea de la Iglesia ha de ser, en fidelidad a Jesucristo, proclamar, enseñar y servir. La Iglesia ha sido llamada a anunciar
el Evangelio de liberación, renovación y esperanza para todos los hombres; a enseñar y capacitar a sus miembros para el
discipulado cristiano; a servir al mundo en todas sus necesidades. La tarea de la Iglesia es conocer y compartir la agonía del
ser humano en su lucha contra la injusticia, la explotación y la opresión, vergüenza y el dolor por el pecado de los que
cometen la injusticia, los que explotan y oprimen a sus semejantes y de los que permanecen indiferentes ante esta situación;
a todos ellos ha de llamar al arrepentimiento y ella misma ha de comprometerse en los cambios de una sociedad más justa.
La Iglesia ha de realizar esta tarea con humildad, autenticidad y firmeza por cuanto Cristo la ha enviado para ser su testigo
y portadora de un mensaje profético y regenerador aunque en cumplimiento tenga que dar su vida.
La Iglesia es verdadero cuerpo de Cristo cuando busca cumplir la misión que Dios le ha encomendado. Iglesia y misión no
pueden separarse: la Iglesia es auténticamente Iglesia cuando acepta encarnar los propósitos divinos en el mundo.

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